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(Zona Sur) Abortera serial abre local de empanadas [URGENTE]





Thread creado por Kantico el 30/07/2018 08:37:01 pm. Lecturas: 26. Mensajes: 18. Favoritos: 0





30/07/2018 08:37:01 pm 
      -5                           
Las sospechas no tardaron en llegar a los vecinos.

´´ya me parecía que estaban muy jugosas las de carne picante´´ dijo doña rosa Saiwith mientras sarandeaba una bandera ´´de salvemos los dos palos, el travesaño está de más´´.

el travesti mayor consultó con el fantasmita del 25 de mayo y al toque entabló un serio debate en base a los dichos del etereo ser:



´´punchi pupunchi´´ dijo, a lo que los demás travestis acotaron ´´¿otra vez con los fantasmitas?´´.

escándalo internacional.

urgente, repetimos, urgente
-57 7



30/07/2018 08:46:54 pm 
       0                           
Nose1234


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Aca en Lanús hay un local de empanadas que las vende a $13 c/u, ``La Empanaderia´´ se llama. Hoy compre y una de las empanadas de carne estaba cruda adentro.


30/07/2018 08:48:37 pm 
       0                           
alto ingeniero tenía yomi yomi


30/07/2018 09:41:29 pm 
       2                           
ahora si demostraste tus true colours

y cuales la obsesion conmigo??

me haces thread y todo

aparte yo estoy a favor del aborto.

asi como vos a te gusta dar recomendaciones a los usuarios te recomiendo que hagas thread con al menos una idea esto es ridiculo y

una pèrdida de tiempo para rematar
ni es gracioso ,ni tiene contenido




30/07/2018 09:44:40 pm 
      -3                           
lleve sus abortos lleve sus abortos doña rosa para usted tambien hay, apurese que se le ponen rancios




30/07/2018 11:34:31 pm 
       2                           
Me hiciste acordar de una historia (creo que de Ambrose Bierce) en una antología de humor negro, en la que una médica tenía una clínica de abortos y su esposo una fábrica de jabón a la que no le iba muy bien, hasta que al hijo se le ocurre combinar el producto de desecho de la una con la materia prima de la otra, logrando así no solamente la rápida disposición de los despojos sino un jabón de finísima calidad a costos bajísimos.
Lamento haber prestado ese libro.


31/07/2018 12:21:15 am 
       5                           
Severinovich


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Garyullo escribió:
Me hiciste acordar de una historia creo que de Ambrose Bierce en una antología de humor negro, en la que una médica tenía una clínica de abortos y su esposo una fábrica de jabón a la que no le iba muy bien, hasta que al hijo se le ocurre combinar el producto de desecho de la una con la materia prima de la otra, logrando así no solamente la rápida disposición de los despojos sino un jabón de finísima calidad a costos bajísimos.Lamento haber prestado ese libro.




Aceite de perro.


31/07/2018 07:44:05 am 
       1                           
Severinovich escribió:
Garyullo escribió: Me hiciste acordar de una historia creo que de Ambrose Bierce en una antología de humor negro, en la que una médica tenía una clínica de abortos y su esposo una fábrica de jabón a la que no le iba muy bien, hasta que al hijo se le ocurre combinar el producto de desecho de la una con la materia prima de la otra, logrando así no solamente la rápida disposición de los despojos sino un jabón de finísima calidad a costos bajísimos.Lamento haber prestado ese libro. reneportas.blogspot.com/2010/03/aceite-de-perro.html Aceite de perro.






31/07/2018 08:02:19 am 
       0                           
cuando salga la película chiflá

mientras tanto te dejo un adelanto de megamente 2




31/07/2018 10:07:59 am 
       0                           
Ufff, otra peli de bajo presupuesto del supuesto terror clase Z argentino... aunque si trabaja Darín la veo, eso sí


31/07/2018 11:36:19 am 
       1                           
Illuminauta escribió:
aunque si trabaja Darín la veo, eso sí


Qué comentario bien de puto relajado recién salido del closet...


31/07/2018 11:40:06 am 
       0                           
Darín abortera dejá de matar a tus hijos por más sabrosos que sean


31/07/2018 12:44:25 pm 
       0                           
111111 escribió:
Illuminauta escribió: aunque si trabaja Darín la veo, eso sí Qué comentario bien de puto relajado recién salido del closet...


¿So?


31/07/2018 08:15:35 pm 
       2                           
Garyullo escribió:
Me hiciste acordar de una historia creo que de Ambrose Bierce en una antología de humor negro, en la que una médica tenía una clínica de abortos y su esposo una fábrica de jabón a la que no le iba muy bien, hasta que al hijo se le ocurre combinar el producto de desecho de la una con la materia prima de la otra, logrando así no solamente la rápida disposición de los despojos sino un jabón de finísima calidad a costos bajísimos.Lamento haber prestado ese libro.


Aceite de perro. (Oil of Dog)
.....

Me llamo Boffer Bing. Mis respetables padres eran de clase muy humilde: él fabricaba aceite de perro y mi madre tenía un pequeño local junto a la iglesia del pueblo, en donde se deshacía de los niños no deseados.

Desde mi adolescencia me inculcaron hábitos de trabajo: ayudaba a mi padre a capturar perros para sus calderos y a veces mi madre me empleaba para hacer desaparecer los «restos» de su labor. Para llevar a cabo esta última tarea tuve que recurrir con frecuencia a mi talento natural, pues todos los guardias del barrio estaban en contra del negocio materno. No se trataba de una cuestión política, ya que los guardias que salían elegidos no eran de la oposición era sólo una cuestión de gusto, nada más.

La actividad de mi padre era, lógicamente, menos impopular, aunque los dueños de los perros desaparecidos le miraban con una desconfianza que, en cierta medida, se hacía extensible a mí. Mi padre contaba con el apoyo tácito de los médicos del pueblo, quienes raras veces recetaban algo que no contuviera lo que ellos gustaban llamar Ol.can. Y es que realmente el aceite de perro es una de las más valiosas medicinas jamás descubiertas. A pesar de ello, mucha gente no estaba dispuesta a hacer un sacrificio para ayudar a los afligidos y no dejaban que los perros más gordos del pueblo jugaran conmigo eso hirió mi joven sensibilidad, y me faltó poco para hacerme pirata.

Cuando recuerdo aquellos días a veces siento que, al haber ocasionado indirectamente la muerte de mis padres, tuve la culpa de las desgracias que afectaron tan profundamente mi futuro.

Una noche, cuando volvía del local de mi madre de recoger el cuerpo de un huérfano, pasé junto a la fábrica de aceite y vi a un guardia que parecía vigilar atentamente mis movimientos. Me habían enseñado que los guardias, hagan lo que hagan, siempre actúan inspirados por los más execrables motivos así que, para eludirle, me escabullí por una puerta lateral del edificio, que por casualidad estaba entreabierta. Una vez dentro cerré rápidamente y me quedé a solas con el pequeño cadáver.

Mi padre ya se había ido a descansar. La única luz visible era la del fuego que, al arder con fuerza bajo uno de los calderos, producía unos reflejos rojizos en las paredes. El aceite hervía con lentitud y de vez en cuando un trozo de perro asomaba a la superficie. Me senté a esperar que el guardia se fuera y empecé a acariciar el pelo corto y sedoso del niño cuyo cuerpo desnudo había colocado en mi regazo. ¡Qué hermoso era! A pesar de mi corta edad ya me gustaban apasionadamente los niños, y al contemplar a aquel angelito deseé con todo mi corazón que la pequeña herida roja que había sobre su pecho, obra de mi querida madre, hubiera sido mortal.

Mi costumbre era arrojar a los bebés al río que la naturaleza había dispuesto sabiamente para tal fin, pero aquella noche no me atreví a salir de la fábrica por miedo al guardia.

«Seguro que si lo echo al caldero no pasará nada —me dije—. Mi padre nunca distinguirá sus huesos de los de un cachorro, y las pocas muertes que pueda ocasionar la administración de un tipo de aceite diferente al incomparable Ol.can. no pueden ser importantes en una población que crece con tanta rapidez.»

En resumen, di mi primer paso en el crimen y arrojé al niño al caldero con una tristeza inexpresable.

Al día siguiente, y para asombro mío, mi padre nos informó, frotándose las manos de satisfacción, que había conseguido la mejor calidad de aceite nunca vista y que los médicos a los que había enviado las muestras así lo afirmaban. Añadió que no tenía la menor idea de cómo lo había hecho, pues los perros eran de las razas habituales y habían sido tratados como siempre. Consideré mi deber dar una explicación y eso fue lo que hice, aunque de haber previsto las consecuencias, me habría callado.

Mis padres, tras lamentar haber ignorado hasta entonces las ventajas que la fusión de sus respectivos quehaceres suponía, pusieron manos a la obra para reparar tal error. Mi madre trasladó su negocio a una de las alas del edificio de la fábrica y mis obligaciones respecto a ella cesaron: nunca más volvió a pedirme que me deshiciera de los cuerpos de los niños superfluos. Como mi padre había decidido prescindir totalmente de los perros, tampoco hubo necesidad de causarles más sufrimientos. Eso sí, aún conservaban un lugar honorable en el nombre del aceite. Al encontrarme abocado, tan repentinamente, a llevar una vida ociosa, me podría haber convertido en un chico perverso y disoluto, pero no fue así.

La santa influencia de mi querida madre siguió protegiéndome de las tentaciones que acechan a la juventud, y además mi padre era diácono de la iglesia. ¡Ay! ¡Y pensar que por mi culpa unas personas tan estimables tuvieran un final tan trágico!

Debido al doble provecho que encontraba en su actividad, mi madre se entregó totalmente a ella. No sólo aceptaba encargos para eliminar bebés no deseados, sino que se acercaba a las carreteras y caminos en busca de niños más crecidos, e incluso adultos, a los que conseguía arrastrar con engaños hasta la fábrica. Mi padre, encantado con la superior calidad del producto, también se dedicaba con diligencia y celo a abastecer sus calderos. La transformación de sus vecinos en aceite de perro llegó a ser, en pocas palabras, la pasión de sus vidas una codicia absorbente y arrolladora se apoderó de sus almas y pasó a ocupar el lugar antes destinado a la esperanza de alcanzar la Gloria, que, por cierto, también les inspiraba.

Se habían hecho tan emprendedores que llegó a celebrarse una asamblea pública en la que se aprobaron varias mociones de censura contra ellos. El presidente hizo saber que en lo sucesivo los ataques contra la población hallarían una contundente respuesta. Mis pobres padres abandonaron la reunión con el corazón partido, sumidos en la desesperación y creo que algo desequilibrados. A pesar de ello, creí prudente no acompañarles a la fábrica aquella noche y preferí dormir fuera, en el establo.

Hacia la medianoche, un misterioso impulso me hizo levantarme y espiar a través de una ventana el cuarto en el que, junto al horno, mi padre dormía. Los fuegos ardían vivamente, como si la cosecha del día siguiente fuera a ser abundante.

Uno de los enormes calderos hervía lentamente, con un misterioso aire de contención, en espera de la hora propicia para desplegar todas sus energías. La cama estaba vacía: mi padre se había levantado y, en camisón, estaba haciendo un nudo en una soga. Por las miradas que lanzaba hacia la puerta de la habitación de mi madre, adiviné lo que estaba tramando. Mudo e inmóvil por el terror, no supe qué hacer para evitarlo. De pronto, la puerta de la alcoba se abrió sin hacer el menor ruido y los dos, algo sorprendidos, se encontraron. Mi madre también estaba en camisón y blandía en la mano derecha su herramienta de trabajo: una larga daga de hoja estrecha.

Ella, como mi padre, no estaba dispuesta a quedarse sin la única oportunidad que la actitud poco amistosa de los ciudadanos y mi ausencia le dejaban. Por un instante sus miradas encendidas se cruzaron e inmediatamente saltaron el uno sobre el otro con una furia indescriptible. Lucharon por toda la habitación como demonios: mi madre gritaba y pretendía clavar la daga a mi padre, que profería maldiciones e intentaba ahogarla con sus grandes manos desnudas. No sé durante cuánto tiempo tuve la desgracia de contemplar aquella tragedia familiar pero, por fin, después de un forcejeo particularmente violento, los combatientes se separaron de pronto.

El pecho de mi padre y la daga mostraban pruebas de haber entrado en contacto. Durante un momento mis progenitores se miraron de la forma más hostil entonces, mi pobre padre, malherido, al sentir la proximidad de la muerte, dio un salto hacia delante y, sin prestar atención a la resistencia que ofrecía, agarró a mi madre en brazos, la llevó hasta el caldero hirviente y, sacando fuerzas de flaqueza, se precipitó con ella en su interior. En solo un instante los dos desaparecieron y su aceite se unió al del comité de ciudadanos que habían traído la citación para la asamblea del día anterior.

Convencido de que estos desafortunados acontecimientos me cerraban todas las puertas para llevar a cabo una carrera honrada en aquel pueblo, me trasladé a la conocida ciudad de Otumwee, desde donde escribo estos recuerdos con el corazón lleno de remordimiento por aquel acto insensato que dio lugar a un desastre comercial tan espantoso.

Ambrose Bierce (1842-1914)





31/07/2018 08:23:58 pm 
       1                           
Es notable la sutilidad del humor de ese cuento.
Y algunas construcciones como:
´´El pecho de mi padre y la daga de mi madre mostraban evidencias de contacto.´´

Magistral.


03/08/2018 11:31:09 am 
       0                           
juanlamour


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La prosa y la sutileza es aún mayor en el idioma original.

Original.


03/08/2018 12:11:09 pm 
       0                           
juanlamour escribió:
La prosa y la sutileza es aún mayor en el idioma original.

Go wash your asshole, you piece of shit


03/08/2018 12:57:31 pm 
       0                           
zavrozongurah






urgente

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